- Hola chicas. – saludé. - ¿Qué hacéis por aquí?
- Hemos venido a pasar la tarde al centro. Y después de tanto andar, nos venido a este bar, que nos encanta. Preparan muy buenos cafés.
- Si, la verdad es que este cappuccino está de muerte. Oye, ¿queréis sentaros aquí conmigo un rato?
- De acuerdo.
Cada una se sentó a un lado de la mesa. Estuvimos hablando durante casi toda la tarde. Comentamos la impresión que les había dado yo a ellas la noche en la que le dije a Carol que yo era la novia de Aaron. Descubrí también, que ambas habían estado saliendo con Aaron, pero durante un corto periodo de tiempo. Me entristecí pensando que Aaron era de los típicos chicos que tenía que estar con alguien. Seguro que si ellas dos habían estado con él, las demás del grupo también habían probado sus labios.
Después de un par de horas hablando sobre diversos temas, les dije que me tenía que ir a casa. Delilah se empeñó en llevarme a casa en el coche, pero me negué. No quería causar molestias. Además, ellas no vivían en el mismo barrio que yo, y debían desviarse de su trayectoria para llevarme a casa. No me pareció conveniente.
Esperé en la parada del autobús hasta que éste apareció. Me senté en unos de los asientos del final. Puse las bolsas en el asiento de al lado. Cogí el iPod rosa que llevaba en el bolso, y me puse a escuchar música. Mi parada no estaba demasiado lejos, a tan solo cuatro o cinco paradas de la que me había subido. Con música, el trayecto siempre se hacía más rápido y más entretenido.
Cuando llegué a casa ya casi era la hora de cenar. En el salón se encontraba John junto con Sally viendo la televisión. Les saludé a los dos, y me fui a mi habitación a colgar la ropa que me acababa de comprar. Me entretuve bastante es la habitación. No es que no quisiera salir al comedor, donde estaba mi hermano con Sally, sino que no lo veía nada conveniente.
Toc, toc. Alguien llamó a la puerta. Contesté con un tímido “adelante”. John entró.
- Jess, Sally y yo nos vamos a ir a cenar a algún bar de por aquí. Sobre las doce vendremos, ¿vale? Así ya nos vamos todos en el coche al pub.
- ¿En el coche de Matt? – pregunté extrañada.
- Sí, porque él se va a ir al cine con Samantha.
- Vaya, parece que sí que le ha dado fuerte con esta chica, ¿no?
- Sí, eso parece. Bueno, le dices a mamá que me ido.
- De acuerdo. No te preocupes. Pasarlo bien.
Cerró la puerta. Oí como ellos salían de casa, y entraba mi hermano Matt en ella. Ambos nos fuimos a casa de nuestros padres a cenar con ellos. La cena fue bastante amena. Los cuatro conversamos acerca de lo bien que nos estábamos adaptando al nuevo entorno. Papá estaba muy contento, y a mamá también se le notaba esa felicidad en la cara.
Fuimos a arreglarnos. Me coloqué la falda que esa misma tarde me había comprado. El vestido lo reservaba para una ocasión especial, y esa noche no lo era.
Sobre las doce aparecieron Sally y John, y todos nos fuimos en el Jaguar de Matt al Dancefloor. Matt, nos dejó en la puerta del pub y se fue a buscar a Sam. Nos dijo que sobre las cuatro de la mañana vendría a por nosotros.
Al entrar al pub, nos dirigimos los tres directamente a la mesa en la que normalmente estaban los amigos de Aaron. Y allí estaban todos riéndose y divirtiéndose. Saludamos a todos y nos sentamos. Yo me coloqué al lado de Nicole y Delilah, y bien alejada de Aaron. No quería estar a su lado, después de lo que me había hecho la noche anterior. Había pasado de mí y no me había contestado al mensaje que le había enviado. Eso me había sentado muy mal, ya que en contestar a un mensaje tan solo puedes perder un par de minutos, no más. Vi como Aaron se quedaba extrañado al ver que me sentaba al lado de ellas, y no al suyo. Me alegré. “Así sabrás que conmigo no se juega” pensé.
Junto con Nicole, fui a la barra del pub a pedirme algo para beber. Nicole tan solo me llevaba un año, en cambio Delilah era de la edad de Aaron. Nicole era muy simpática y siempre tenía una sonrisa en la boca. Pedimos las dos un Cosmopolitan. Nunca había probado esa copa, pero llevaba Vodka y Cointreau, y al parecer era muy dulce, pero algo fuerte.
Nos fuimos a la pista de baile, ya que todas las chicas se habían animado y estaban bailando. Me puse con Nicole a bailar una canción de pachangueo que me gustaba mucho. Mientras todas bailábamos animadas, casi toda la gente del recinto nos miraba boquiabierta. No era muy normal ver a un grupo de chicas de buen ver bailando sensualmente en mitad de un pub en el que apenas la gente se levantaba, tan solo a pedir más copas. Saqué del bolso un cigarro. Busqué desesperadamente el mechero por el bolso, pero no lo encontré. Vi que alguien que acababa de llegar y se había puesto a mi lado me estaba ofreciendo fuego. Era Ryan, uno de los amigos de Aaron.
- Muchas gracias Ryan, no sé donde he metido la mierda de mechero. Siempre lo pierdo. – dije mientras encendía el cigarro.
- De nada. – guardó el mechero en su bolsillo del pantalón. – Bueno, ¿cómo estás?
- Bien. Muy bien, gracias. – le sonreí.
- Me alegro. – él también sonrió. – He visto que no has saludado a Aaron, ¿es que te pasa algo con él?
- Te ha mandado él aquí para que me preguntes esto, ¿verdad? – dije enfadada y pegándole una gran calada al cigarro.
- No, no…nada de eso. Solo que he visto lo que pasaba, y me ha llamado la atención, porque como os lleváis tan bien…
- Mira Ryan, te rogaría que por favor no me hablaras de Aaron, ¿de acuerdo? ¡Oh, dios mío! Necesito un porro, y ya. Voy a pedirle a mi hermano, que tiene.
- No hace falta, yo también tengo. ¿Nos vamos al baño a fumárnoslo? Porque como nos pillen aquí…
- Claro, claro…vamos.
Ambos nos fuimos cerca de los baños. Era un sitio oscuro y donde no había peligro de que la gente nos pillara. Ryan empezó a hacer el porro, mientras me terminaba el cigarro. Me bebí el último trago que me quedaba de mi Cosmopolitan. Le dije a Ryan que iba a la barra a por otro, necesitaba beber algo. Mi boca estaba seca, aunque sería del propio alcohol. En la barra me encontré con Nicole. Le dije de donde venía, y al oír lo que íbamos a hacer dentro de unos momentos, se apuntó. Y es que pertenecer a la clase alta de la sociedad tenía estos problemas: cualquiera podía tomar drogas, y conseguirlas era muy fácil. Hasta yo misma podría conseguirlas, aunque nunca lo había probado.
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